Terapia Infantil
El desarrollo infantil es un proceso complejo donde la familia se convierte en el primer contexto de convivencia y de actuación del niño, donde irá modelando su construcción como persona a partir de las relaciones que allí establezca y según sean atendidas sus necesidades básicas.
Así, los padres tienen una misión muy compleja con sus hijos que responde a dos objetivos: Establecer pautas de educación coherentes y consistentes, que brinden al niño un sentimiento de vinculación y pertenencia, dotándole por tanto de raíces, y entender las potencias y dificultades del niño, para ayudarle a crecer y desarrollarse como ser individual y adaptarse al entorno en el que vive, es decir darle alas.
Nunca se duda que cada padre quiere lo mejor para su hijo e intenta lo mejor para su hijo pero en determinados casos y ante infinitud de circunstancias estos objetivos se ven truncados.
Los padres y la escuela son usualmente los primeros en reconocer cuando un niño tiene un problema emocional o de comportamiento, pero la decisión de buscar ayuda profesional puede ser difícil. Uno se resiste quizás porque considera que no le van a decir nada nuevo o que en caso de hacerlo será cómo poner en entredicho sus capacidades. Sin embargo, pedir ayuda es una actitud madura y puede ser de gran utilidad porque permite compartir el problema con un profesional que oriente a la familia y sirva de apoyo.
Es frecuente también que los padres no sepan o duden si la conducta del niño es propia de la edad. Hay situaciones que en general pueden indicar la necesidad de acudir a un profesional:
- Siente que las cosas le superan como padre/madre.
- No sigue las pautas que usted le indica en la mayoría de ocasiones.
- Tiene problemas o dificultades escolares.
- Tiene malas relaciones con sus compañeros.
- Es demasiado activo e inquieto.
- Cambios bruscos en la alimentación o el sueño.
- Pérdida de interés por juegos, relaciones…
- La conducta, personalidad y amistades del niño han cambiado de forma drástica.
- Conflictos familiares.
Dentro de los problemas infantiles los más frecuentes son:
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El lenguaje es un sistema complejo que comprende diferentes subsistemas y que los niños deben ir aprendiendo progresivamente. Si los problemas no se superan y se mantienen en el tiempo, podemos encontrarnos con un trastorno del lenguaje o de la comunicación. Estos suelen ser diagnosticados a edades muy tempranas, en torno a 3-5 años, son más frecuentes en niños que en niñas y tienen una prevalencia de entre el 3 y 5%.
Trastorno fonológico o dislalia
Incapacidad persistente para utilizar los sonidos del habla esperables evolutivamente. El niño omite o pronuncia los fonemas de forma inadecuada y el lenguaje a veces resulta ininteligible.
Trastornos de la expresión del lenguaje
La capacidad para la expresión oral es marcadamente inferior al nivel adecuado para su edad mental. La ausencia de palabras simples alrededor de los dos años o el fracaso de frases sencillas hacia los tres años pueden ser signos llamativos.
Trastorno de la Comprensión del lenguaje
Trastorno específico en la comprensión del lenguaje (tanto oral como escrito) sin problemas en la expresión.
Tartamudeo o disfemia
Alteración persistente en la fluidez y la organización temporal del habla. Se caracteriza por repeticiones de sonidos y sílabas, prolongaciones, bloqueos y circunloquios entre otros síntomas.
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Incapacidad persistente para adquirir de forma eficiente determinadas habilidades académicas (lectura, escritura, cálculo, etc.), que ocurre a pesar de que el niño tenga una inteligencia normal y una escolarización adecuada. Suelen ser detectados con mayor frecuencia después de los 7 años.
Dislexia
Genera problemas en el aprendizaje y el uso del lenguaje, la lectura y la escritura. La lectura y la escritura son los instrumentos en los que se basan todos los aprendizajes, por lo que sus déficits influyen negativamente en el rendimiento escolar.
Trastorno específico del cálculo o discalculia
Dificultad para la adquisición de las habilidades matemáticas en niños con inteligencia normal. Características: contar con los dedos, dificultad para las tablas, errores al escribir números al dictado.
Disortografía
Dificultad persistente para respetar la estructuración gramatical del lenguaje, excesiva para la edad e inteligencia del niño.
Disgrafía
Dificultad persistente en la grafía del lenguaje escrito. Los textos escritos pueden resultar indescifrables; el niño adopta posturas poco convencionales y falla en la velocidad y presión de la escritura.
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Se traduce en suspensos masivos y calificaciones negativas de forma constante. Suele comenzar a partir de los 6-7 años cuando exigen mayor esfuerzo e independencia. Puede tener relación con trastornos del lenguaje, del aprendizaje o déficit de atención, pero también con problemas emocionales, de motivación o falta de hábitos de estudio.
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Se caracteriza por dificultad para mantener la atención voluntaria junto a la falta de control de impulsos y un exceso de actividad. Se reconocen tres subtipos: inatento, hiperactivo-impulsivo y combinado. Actualmente es uno de los trastornos más comunes, lo padecen entre un 5 y un 10% de los niños.
Síntomas de Desatención
- No presta atención suficiente a los detalles o comete errores por descuido
- Dificultades para mantener la atención en tareas o actividades lúdicas
- Parece no escuchar cuando se le habla directamente
- No finaliza tareas escolares u obligaciones
- Se distrae fácilmente por estímulos irrelevantes
Síntomas de Hiperactividad
- Mueve en exceso manos o pies, o se remueve en su asiento
- Abandona su asiento en clase en situaciones en que se espera que permanezca sentado
- Parece "estar en marcha" o actuar como si tuviera un motor
Síntomas de Impulsividad
- Precipita respuestas antes de haber sido completadas las preguntas
- Tiene dificultades para guardar turno
- Interrumpe o se inmiscuye en las actividades de otros
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Cuando la magnitud, frecuencia o perseverancia de conductas disruptivas son excesivas pueden necesitar la intervención de un profesional. Estos niños suelen no aceptar crítica, muestran reacciones emocionales intensas y comportamiento agresivo y desobediente.
Trastorno disocial
Patrón repetitivo y persistente de comportamiento en el que se violan los derechos básicos de otras personas o normas sociales importantes propias de la edad, con inicio antes de los 18 años.
Trastorno negativista desafiante
Patrón de comportamiento negativista, hostil y desafiante que dura por lo menos 6 meses. Se caracteriza por encolerización frecuente, discusiones con adultos, molestia deliberada a otras personas y rencor o venganza.
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A lo largo del desarrollo infantil existen miedos evolutivos considerados normales. Las fobias aparecen cuando esos miedos se prolongan en el tiempo o se dan de forma desproporcionada y exagerada.
Miedos evolutivos por edades:
- 0 – 2 años: Ruidos fuertes, separación de los padres, animales, extraños, oscuridad.
- 3 – 5 años: Separación de los padres, animales, oscuridad, daño físico, personas disfrazadas.
- 6 – 8 años: Seres imaginarios, tormentas, soledad, muerte y escuela.
- 9 – 12 años: Exámenes, aspecto físico, relaciones sociales y muerte.
Las fobias se caracterizan por un temor acusado y persistente que es excesivo o irracional, desencadenado por la presencia o anticipación de un objeto o situación específicos.
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Los niños con trastornos de ansiedad experimentan un miedo intenso que puede durar largos períodos de tiempo y afectar significativamente sus vidas. Se puede reconocer a través de conductas como: lloro ante situaciones cotidianas, anticipación del estresor, conductas de evitación, irascibilidad, trastornos del sueño.
Ansiedad de separación
Ansiedad que siente el niño al separarse de una persona con la que se siente vinculado. Suele aparecer cuando el niño debe desplazarse o cuando son los padres quienes se alejan. Proviene de la creencia de que algo malo va a ocurrir o que no podrá volver a ver a sus seres queridos.
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Se estima que un 2,5% de los niños sufren depresión. Hasta los 12 años afecta por igual a niños y a niñas. Signos de alarma:
- Está continuamente triste, llora con más facilidad
- Ha perdido el interés por los juegos preferidos y por la escuela
- Se aleja de sus amigos y de la familia
- Presenta menos energía o concentración
- Expresa baja autoestima
- Se queja constantemente de dolores (cabeza, estómago)
- Duerme o come demasiado o muy poco
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En la infancia pueden surgir problemas en la alimentación debidos a trastornos graves o a la adquisición de malos hábitos alimentarios. Los problemas más comunes incluyen: consumo de solo ciertos alimentos, falta de apetito, comer rodeados de entretenimientos, negación a tomar alimentos sólidos.
También pueden presentarse la Pica (ingestión de sustancias no nutritivas), el trastorno por rumiación o el trastorno de la ingestión alimentaria con incapacidad para aumentar de peso.
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Pesadillas
Sueños elaborados que producen temor intenso y dejan recuerdo vivido. Muy frecuentes entre los 3 y 6 años. Pueden provocar dificultades para volver a conciliar el sueño.
Terrores nocturnos
El niño se levanta con un grito y gran activación fisiológica, pero se encuentra dormido y no recuerda nada al despertar. Aparecen en torno a los 2-3 años.
Sonambulismo
El niño se levanta y ronda por la casa con los ojos semiabiertos. Suele aparecer entre los 4 y 14 años.
Insomnio
Puede deberse a malos hábitos (no iniciar el sueño solo, horarios irregulares, siestas largas) o a problemas emocionales que preocupan al menor.
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Encopresis
Evacuación repetida de heces en lugares inadecuados, sea involuntaria o intencionada, durante un mínimo de 3 meses y al menos una vez al mes (a partir de los 4 años).
Enuresis
Emisión repetida de orina en la cama o en los vestidos durante por lo menos 3 meses consecutivos. No puede diagnosticarse antes de los 5 años.
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