Terapia Juvenil
La adolescencia es un periodo turbulento de transición, en la que los niños experimentan multitud de cambios y deben enfrentarse a nuevos retos y experiencias. Dentro de estos cambios podemos mencionar los cambios corporales que en muchas ocasiones pueden vivirse como ajenos o desagradables, o los cambios en su rol infantil, que les obliga a renunciar a la dependencia y a aceptar obligaciones. Igualmente, son centrales los cambios en las figuras de referencia, ya que los niños comienzan a adquirir mayor independencia de los padres y a identificarse con su grupo de amigos, lo que conlleva la búsqueda de una nueva identidad.
No todos los adolescentes viven estos cambios de la misma manera, pero claramente no se trata de una época fácil para ellos, ni tampoco lo es para los padres. En esta etapa, el menor no es un niño pero tampoco un adulto, lo cual implica que los padres deben generar nuevas estrategias de interacción con su hijo que faciliten la comunicación y educación del menor.
Dentro de la adolescencia los problemas más frecuentes son:
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Los trastornos de la alimentación generalmente aparecen durante la adolescencia o adultez temprana. Los más comunes son la anorexia nerviosa, bulimia nerviosa y el trastorno por atracón.
Anorexia nerviosa
Muchas personas con anorexia nerviosa se ven a sí mismas como excedidas en peso. El comer, la comida y el control del peso se vuelven el centro de la vida de la persona. Se caracteriza por:
- Rechazo a mantener el peso corporal igual o por encima del valor mínimo normal
- Miedo intenso a ganar peso, incluso estando por debajo del peso normal
- Alteración de la percepción del peso o la silueta corporales
- En mujeres pospuberales, presencia de amenorrea
Bulimia nerviosa
Presencia de atracones recurrentes y conductas compensatorias inadecuadas durante al menos 3 meses. Un atracón se caracteriza por ingesta de alimento superior a lo normal en un corto espacio de tiempo y sensación de pérdida de control sobre la ingesta.
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La depresión es un problema serio de salud que puede afectar a personas de todas las edades. En la adolescencia afecta más a las niñas que a los niños. Puede tener su origen en problemas escolares, pérdidas, soledad, cambios de vida, o situaciones traumáticas.
Los síntomas de la depresión adolescente tienen características propias:
- Es más frecuente encontrarle irritable que triste o sin energía
- Pérdida de interés en juegos y amigos
- Gran sensibilidad a la crítica y sentimientos de inutilidad
- Se aíslan de algunas personas, pero no de todo el mundo
- Ausencia frecuente de la escuela y bajo rendimiento escolar
- Baja autoestima y comentarios despectivos hacia uno mismo
- Cambios en la alimentación y en el sueño
Para el diagnóstico se requiere estado de ánimo depresivo o pérdida de interés durante al menos 2 semanas, junto a otros síntomas como fatiga, sentimientos de inutilidad o pensamientos recurrentes de muerte.
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Los trastornos de ansiedad son frecuentes en adolescentes, con una prevalencia estimada entre el 9-21%. La pubertad es una etapa muy inestable y por eso los trastornos de ansiedad aparecen con más frecuencia.
Crisis de angustia
Aparición temporal de miedo o malestar intensos, acompañada de síntomas físicos (palpitaciones, sudoración, sensación de ahogo, mareo, miedo a perder el control) que alcanzan su máxima expresión en los primeros 10 minutos.
Fobia social
Es una de las fobias más frecuentes en la adolescencia. El adolescente tiene un miedo desproporcionado a ser juzgado o evaluado en situaciones con personas no familiares, lo que le lleva a temer y evitar la relación social. Es importante diferenciarlo de la timidez.
Trastorno obsesivo-compulsivo
Presencia de obsesiones y/o compulsiones que interfieren significativamente en la vida diaria. El niño con TOC sufre de la misma forma que el adulto, aunque puede no reconocer que sus obsesiones son irracionales.
Trastorno por estrés postraumático
En los adolescentes, los síntomas son similares a los de los adultos: reexperimentación del trauma, evitación persistente de estímulos asociados y aumento de la activación fisiológica.
Trastorno de ansiedad generalizada
Ansiedad y preocupación excesivas que se prolongan más de 6 meses, con síntomas de inquietud, fatigabilidad, irritabilidad y alteraciones del sueño.
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El consumo de sustancias psicoactivas como el tabaco, el alcohol o las drogas ilegales son uno de los principales problemas a los que se enfrenta la juventud. Los motivos del inicio en el consumo incluyen la curiosidad, la presión del grupo y la necesidad de sentirse aceptado.
Factores de riesgo: mala relación con la familia, falta de disciplina, bajo rendimiento escolar, presencia de alguna psicopatología o baja autoestima.
Es necesario intervenir ya que las adicciones pueden generar grandes problemas no solo a nivel de salud sino también en la vida escolar, familiar y social.
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En la adolescencia las habilidades sociales cobran una importancia fundamental. Las amistades cobran mayor importancia y tener buenas capacidades sociales contribuirá a su bienestar y les servirá de base para desenvolverse como adultos.
La falta o escaso desarrollo de habilidades sociales puede ser fuente de malestar para el adolescente. Dentro de las habilidades sociales la asertividad es uno de los componentes fundamentales: capacidad de autoafirmación y defensa de derechos personales incluyendo la expresión de sentimientos, preferencias y necesidades de manera adecuada y respetando los derechos de los demás.
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Durante la adolescencia, la valoración que uno tiene de sí mismo será muy importante para determinar la valoración que tendrán los demás. Es bastante habitual que muchos adolescentes no tengan una autoestima alta, ya que también es un periodo muy crítico en el que las relaciones con los demás pueden producir un efecto muy significativo.
La baja autoestima suele manifestarse en: autocrítica constante, autoevaluaciones negativas, culpa y sentimientos de inferioridad, alta frustración ante errores e inseguridad en situaciones cotidianas.
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La adolescencia es una etapa difícil en la que es común evidenciar conflictos familiares. Padres e hijos se ven obligados a rediseñar su propia vida y adaptarse a nuevas relaciones. Las disputas se centran principalmente en asuntos menores de la vida cotidiana: tareas domésticas, rendimiento académico, horarios, etc.
Cuando los conflictos superan las capacidades o recursos de los padres, el psicólogo puede ayudar a la familia y al menor a solucionar los conflictos y generar pautas de interacción positivas.
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